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Entrada 9: La primera vez que ví un zombie

Eran las 3pm y nos encontrábamos ya saliendo de Comas, en la curva llamada “donde mueren los cornudos” (el por qué del  nombre, no tengo ni puta idea), donde he aprovechado para sacar una foto satelital de Canta (gracias a Dios, los satélites siguen funcionando). En el camino, hay otro pueblo bastante grande, Santa Rosa de Quives, que está a 1500msnm, pero para llegar a Canta hay que subir hasta los 3mil metros. El camino, va pegado al rio Chillón y es una zona en principio agrícola. Antes de llegar a Santa Rosa de Quives, nos hemos encontrado con un camión del ejército, que llevaba verduras frescas a Lima. Hemos hablado con el chofer y nos ha comentado que se ha perdido toda comunicación con Canta y que Santa Rosa de Quives está cerrada a cal y canto.

Imagen satelital de Canta

Imagen satelital de Canta

En Quives hemos parado para hablar con el responsable militar del pueblo. Ha resultado ser un guardia civil, que nos ha comentado que los militares les habían dicho que nadie subiese hacia Canta, que nosotros íbamos en camino. Ellos tampoco tienen noticia de nadie de Canta ni de Pariamarca ni de pueblos de alrededor de Canta. Sólo han llegado 3 policías desde Araguay sin mayores novedades. Siendo ya las 5:30pm, decidimos quedarnos a dormir esa noche allí y amanecer en Canta.

Salimos a las 6:15am y a las 7am ya nos encontrabamos frente al primer control y vimos… al primer zombie. Yo no lo había reconocido, porque estaba de lado caminando de forma un poco rara que yo había atribuido al frio. De la emoción tuve la genial idea de tocar el claxon de la camioneta. Y cuando volteó a vernos, me quede helado: le faltaba media cara y tenía el brazo descolgado, e iba caminando, de forma lenta pero a la vez rápida, hacia nosotros. Yo me quede helado y no atine a hacer nada. Gracias a dios, había un francotirador, un snipper, en el equipo, que le disparó directamente a la caebza. No estaba a más de 5 metros y pude ver como el enfermo, zombie o lo que sea, daba 2 pasos antes de caer, ahora si muerto.

Yo nunca había sufrido de soroche (como se le conoce al mal de altura en Perú), pero no se si de la impresión o de la falta de aire debido a la altitud, no pude evitar vomitar. Vomité toda la trucha del desayuno y creo que los tallarines de la noche anterior. Por un momento, me sentí malísimo. El chofer, que se llamaba Sergio, me miró con los ojos como 2 platos: estaba aterrado. En ese entonces no lo supe, pero el snipper estuvo apuntándome a la cabeza porque no sabía si había vomitado porque me había contagiado o por la impresión. Luego de beber algo de mate de coca me sentí mejor y se me ocurrió preguntar que deberíamos hacer. Pero había un problema: el que tenía las estrellas en los hombros era yo, y los soldados no estaban acostumbrados a pensar y dar ordenes, sino a obedecer y protegernos a todos el culo. Finalmente, decidí ir a Canta y Obrajillo, en busca de supervivientes. Lo que fue mi segundo error del día. Bueno, me estoy adelantando, esto es lo que ocurrió:

Fuimos por la carretera subiendo al pueblo, y lo cierto es que no nos habíamos encontrado a nadie en el camino. Canta era ahora un pueblo fantasma, paramos un momento en la Plaza de Armas, y no había nadie a la vista. Ni vivo ni muerto. Los ojos observadores de los soldados, me mostraron los casquillos de balas por toda la plaza de armas, pero no vimos ningún cadáver. Luego de esperar 5 minutos con los motores encendidos, mientras decidí comunicar ésto a la sede central del ejército,  decidí que lo mejor era ir a Obrajillo a ver si alguien se había refugiado allí. Y empezamos la subida a Obrajillo. Nos detuvo un control militar justo antes de llegar al pueblo de Obrajillo, al lado del Gran Hotel Obrajillo. Ahora si vimos varios cadáveres. Amputaciones, desgarramientos. Los cuerpos estaban casi mutilados. Llegó una llamada por radio, que nos ordenaba retirarnos inmediatamente de la zona. Y eso intentamos hacer, pero nos dimos con una sopresa: de todos lados, iban apareciendo lentamente zombies. Sus cuerpos estaban tan deteriorados por el frío de la sierra limeña como el de los muertos, pero estos caminaban y venían hacia nosotros. Luego me di cuenta, que el ruido de los motores los habían atraído. Eso, y los disparos que iba haciendo el snipper. El problema es que no sólo venían de Obrajillo, sino que empezaban a salir también de Canta. Fue imposible volver por la misma ruta, porque los zombies se nos iban acercando y los vehículos no estaban preparados para soportar un ataque de zombies. Lo intentamos, pero hubo un momento en que todos tuvimos que abrir fuego, yo también, contra las hordas de zombies que se acercaban. A más de 1 le dí, pero creo que nunca olvidaré la sensación de dispararle a un niño. Estaba a 2 metros de nosotros, y no tuve otra opción que dispararle a la cabeza. Pude ver como se le abría un boquete en la cabeza, mientras caía al suelo.

Creo que no hay mejor droga que la adrenalina, porque si no fuese por ella habríamos muerto todos allí. Salimos todos, salvo Sergio, indemnes. Sergio tuvo una pelea con un policia-zombie y aunque salió con vida, tuvo unos cuantos rasguños en el brazo. Aunque no tenga el brevete -léase el carnet de conducir-, yo me dedique a conducir el coche mientras Sergio estaba echado en el asiento de atrás. Tuvimos que tomar la otra carretera, la carretera serpenteante que nos llevababa a Lachaqui y Araguay camino a Santa Rosa de Quives.

En Lachaqui no paramos, nuestra meta era llegar rápidamente a Santa Rosa de Quives. Pero en Araguay nos detuvieron. Ningún herido podía seguir adelante. Así que nos quedamos a las afueras de Araguay cuidando a Sergio. Pero todos estábamos asustados. Veíamos que poco a poco Sergio iba muriendo. Lo cierto es que, por precaución, siempre había un soldado apuntándole. Sobre las 3am me despertaron. Sergio había muerto. No pude evitar acercarme para verle. Le pedí a 2 soldados que por favor abrieran una fosa para enterrarle. Cuando me di la vuelta, me lleve un susto de muerte. Su rostro iba cambiando. Las venas se le empezaban a marcar y casi me meo encima cuando vi que su pierna empezaba a moverse. Luego la otra pierna. Poco a poco, Sergio, a quien le había tomado cariño, el que había muerto hace media hora, empezaba a despertar. Finalmente, abrió los ojos. Pude ver sus ojos inyectados de sangre, a la luz de la fogata, y su mirada de odio. Fue todo lo que vi antes de que una bala le diese en el centro del frente y Sergio volviese a morir.

Me pasaron una chata de ron (no tengo ni idea como la habían conseguido), así que me dedique a beber para intentar calmarme. No sé en que momento me quede dormido. Cuando desperté, el sol ya había salido y Sergio estaba enterrado. Dado que todos estábamos en teoría sanos, fuimos hacia Santa Rosa de Quives. Necesitaba informar que era imprescindible proteger esta ciudad: si vencían sus defensas, los zombies atacarían Lima por el río Chillón.

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Apocalipsis, historia de zombies

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