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Entrada 11: Huyendo de casa de mis padres

Lima “la horrible”, Lima “la sucia”.. ahora Lima “la apestosa”. El hedor en Lima ha aumentado notablemente. El calor y la humedad descomponían todo lo orgánico. Me ha costado un poco, pero ya me empiezo a acostumbrar al pestilente olor debido a la falta de limpieza de la ciudad. Ahora mismo, todos están en zonas de seguridad o encerrados en sus casas. La tensión es máxima y, por lo que me he podido enterar, empiezan a llegar los primeros zombies a la ciudad. Se mantiene el toque de queda total desde las 5pm hasta las 7am y nada está abierto: sólo se puede conseguir comida en los puntos seguros o robándola de las tiendas.

Yo he llegado a casa de mis padres destrozado. No he podido evitar echarme a llorar en los brazos de mi madre luego de lo ocurrido en mi viaje a Canta. Sólo he podido echarme una siesta de una hora. Ha llegado a casa el responsable de la zona segura que está detrás de casa de mis padres, con curiosidad de saber que ha pasado y, principalmente, como son los zombies. Curiosidades de la vida, se ha unido a la conversación una chica del Pentagonito, el que se supone es la última sede del ejército peruano como la Fortaleza del Real Felipe lo es para la Marina de Guerra del Perú y la base de Las Palmas lo es para la FAP.

Les explique lo poco que sabía en ese momento: la resurrección de los muertos es bastante rápida, que parecen torpes, pero a la vez pueden moverse de forma rápida si hace falta y, que atacan a todo lo que se mueve. Las preguntas de la chica, que se llamaba Johana, me sorprendieron. Porque me preguntaba de gran cantidad de detalles y anotaba las cosas que le iba diciendo. Hasta ese momento, no me había dado cuenta de algunos detalles: el frio de la sierra, Canta está a 3500msnm y Obrajillo un poco más alto, no los había detenido,  presentaban la piel amoratada, no sé si del frío pero morada en algunas zonas,  el rigor mortis no afectaba a los que resucitaban y que el virus se había transmitido al pobre Sergio por una herida. La cantidad de preguntas y detalles que me preguntaba Johana eran tales, que en algunos momentos me sentía abrumado: quería decirle más cosas, pero es imposible fijarte en los detalles cuando estas escapando para salvar el culo.

Tal como le conté a Johana, las balas,  salvo que fuesen a la cabeza, sólo los detenía momentáneamente, pero no sangraban. Otro detalle curioso fue el no escucharles ni una palabra. Sólo gemidos. Pero lo que daba miedo de verdad, era la ira que tenía, ese deseo incontrolable por intentar hacer daño a los que estaban sanos.

Un disparo nos cortó la conversación: los zombies empezaban a acercarse a la Zona Segura de Rosa Toro con Javier Prado. Inmediatamente, Johana recordó que tenía orden de trasladarnos al Real Felipe y preparamos la marcha. Mi madre tenía una maleta lista con cosas básicas “de mujeres”, que subimos a la camioneta en la que pensábamos escapar. Mientras un soldado se encargaba de cerrar a cal y canto la casa de mis padres, le dí una última mirada antes de perderla de vista ya que pensábamos ir por Bayletti hasta San Luis y coger allí  la Javier Prado. La idea que teníamos era ir por avenidas principales para evitarnos cualquier tipo de sorpresa. Pero justo antes de llegar a la vía expresa nos dimos cuenta del error. Justo delante nuestro había un choque múltiple con 4 carros (coches) estrellados y zombies alrededor.

Tuvimos que cruzar la berma de la Javier Prado de retro para poder escapar. Pero la camioneta en la que iban los 4 soldados que me habían acompañado a Canta y los 2 que acompañaban a Johana no soportó y se les rompió la dirección. Tuvieron el tiempo justo para llegar hasta nuestra camioneta y salimos cueteados hacia El Pentagonito. El único lugar, según Johana, donde podríamos estar a salvo. Siguiendo con la idea de ir por avenidas grandes, fuimos por la Javier Prado hasta el trébol y entramos en la panamericana sur, para coger el desvío que lleva al Pentagonito. Nos llevaron escoltados a una zona de cuarentena que, según pude averiguar después, había creado Johana para los que entraran al Pentagonito cuando hubiesen zombies en Lima.

Así fue como el Pentagonito se convirtió en nuestro hogar-prisión: un sitio del cual no podíamos escapar porque los zombies ya habían invadido Lima.

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Apocalipsis, historia de zombies

  1. Sábado, 19 de diciembre de 2009 a las 21:43 | #1

    Asu es increible esta historia me gusta pues mescla cosas reales que uno puede usar para situarse en el lugar en donde estan los zombies.

    Yo queria que los zombies sean parados antes de llegar a lima pero esto le da una mayor emoción.

  2. Domingo, 20 de diciembre de 2009 a las 01:01 | #2

    @Ricardo
    Muchas gracias por tu comentario. La idea es un poco lo que comentas: que te sientas identificado y que los lugares que menciono te suenen.

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