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Archivos de febrero, 2010

Entrada 15: Escapando hacia el sur – primera parte

Estabamos en la Panamericana Sur, rumbos al sur. Habíamos conseguido, con mucha dificultad, pasar la Av. Primavera pero queríamos voltear hacia la derecha, para acercarnos al Pentagonito, pese a que estábamos en el carril izquierdo (el de entrada a Lima, pero en sentido contrario).  Al ver la imposibilidad de cruzar por la berma de la Panamericana, intentamos entrar un poco en Valle Hermoso para poder girar y coger Velasco Astete para volver a San Borja y a nuestra salvación: el Pentagonito. Pero cada vez que saliamos de la Panamericana para intentar girar, nos encontrabamos con una cantidad alucinante de zombies que venía a por nosotros y teníamos que ir muy lento hasta poder regresar a la Panamericana y poder acelerar y dejarles atrás.

Casi llegando a la Calle Cerro Lindo de Vallermoso por la pista auxiliar de la Panamericana Sur, nos sorprendió un gran número de zombies que empezo a arandear el autobus. Le pedí a Jaime que disminuyese la velocidad, para evitar problemas, cuando sonó un disparo. Y luego otro, y otro. Al parecer, en aquella zona había mas gente que había sobrevivido ¡y nos estaba ayudando!

Nos abrieron paso a punta de balas hasta llegar al Colegio La Inmaculada. Me pareció increible volver a entrar al Colegio La Inmaculada. No pude evitar casi soñar y empezar a recordar todos los rincones del colegio. En mi época de colegial, había ido con amigos mios que estudiaban en ese colegio, además de las veces que competíamos Inmaculada vs Holy Trinity. Este gran colegio fue fundado por los jesuítas y ha tenido alumnos muy destacados en Perú como el ex-entrenador de la selección de futbol Chemo del Solar así como varios ex-ministros, y me lo conocía muy bien. Eran 32 hectareas que serían suficientes para mantener a unos cientos de personas. Por lo que me sentí muy tranquilo.

Lo primero que hicieron fue ver si estabamos sanos todos. Y aquí empezo nuestro problema. Porque teníamos 1 cadaver y 2 heridos. Al muerto, le cortaron la cabeza y se la aplastaron sin ningún miramiento (a mi aún me afectaba esas cosas, porque en el fondo habiamos sido unos afortunados sobreviviendo en la sede de Essalud). A los heridos, le dieron 2 opciones: o recibir un tiro en la cabeza, para evitar ser zombies, o les dejaban salir del colegio pero por el muro del cerro. Con todo el estrés del momento, el médico herido intentó hacerse con 1 arma para que no le mataran y termino recibiendo no se cuantos disparos. Luego de lo cual le cortaron la cabeza también. Mientras eso pasaba, el chico con los arañazos en el brazo terminó echándose boca abajo contra el suelo y eso le salvó. Y le acompañaron hasta el cerro, y saltó el muro y se perdió por el cerro que hay detrás del colegio. Imagino que eso significa que hay otro zombie en la ciudad. Verle la cara al saltar el muro, fue muy triste.

A los 27 sanos nos encerraron esposados contra la pared en el edificio administrativo que está frente al mini-zoo del colegio. Y vimos como descargaban del autobus todas nuestras armas, comida, agua, etc. Durante 1 semana, sólo nos dieron 1 comida al día. Y antes de darnos algo nos hacían hablar, para saber que no eramos zombies. Pese a la amabilidad con la que nos trataban, había en el ambiente algo que indicaba que las cosas no iban bien. Pero durante esa semana la verdad que nadie se preocupó y sólo estábamos felices de haber escapado del edificio de Essalud y que podríamos sobrevivir.

La siguiente semana, empezó a ocurrir algo curioso. Empezaron a preguntarnos que eramos, que hacíamos, etc. Y fuimos poco a poco saliendo de la cuarentena. O al menos eso creíamos nosotros. Los primeros en salir del edificio fue una pareja de “adultos-mayores” porque querían integrarles en los trabajos de la comunidad. Luego, salió la monja que había sido nuestra guía espiritual, y así fueron saliendo uno a uno hasta que quedamos sólo 10 personas en el edificio. Y fue cuando descubrimos la verdad: las otras personas, mayores y sin un oficio que sirviese para la situación actual había sido asesinadas. Jaime y yo, por nuestra experiencia en combate, seriamos asignados a los equipos que se encargaban de recolectar fuera del colegio todo lo necesario para sobrevivir. Esto nos conmocionó a todos, e intentamos no asimilar lo que nos había pasado: esta gente nos había salvado sólo porque pensaban que llevábamos medicinas y comida. Pero en vista de que no teníamos nada de eso, sólo estaban dejando sobrevivir a aquellos que les podían ayudar a sobrevivir. El resto era una pesada carga que no pensaban cargar. Charlie, el único médico que quedaba con nosotros de nuestra fuga del Hospital Rebagliatti, se negó a unirse a esta gente por lo cual lo mantuvieron con las esposas encerrado. El resto, sin saber lo que significaba, simplemente nos dejamos guiar porque aún no eramos conscientes del todo de la situación.

Pese a todo, no podía entenderlo. Si eramos seres humanos en peligro de extinción por una horda de zombies ¿cómo podíamos estarnos matando entre nosotros? Fue entonces cuando comprendí que una situación de esta naturaleza destruye parte de nuestra alma, y nos vemos obligados a sobrevivir como mejor podamos. Y todo vale para asegurar nuestra supervivencia. Y así descubrí que en estos momentos tan duros, el peor enemigo de los humanos somos los propios seres humanos.

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Apocalipsis, historia de zombies

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