Entrada 13: 4 meses después – Estado de la situación
Aunque parezca increÃble, llevo 6 meses en Lima y más de 4 desde que empezó esta mierda de los zombies. Ya ha pasado el verano y los pocos sobrevivientes estamos como el cielo de Lima: con el ánimo totalmente gris. Al menos, sé que mis padres siguen vivos en el Pentagonito, y mi abuela se ha encargado de reclutar a los niños que hay allà y están cultivando papas, ajÃ, tomates y lo que pueden para sobrevivir. Eso les permite tener de vez en cuando alimentos frescos.
Mi situación es un poco más caótica: El Hospital Rebagliati finalmente cayó en manos de los zombies. Sin darnos cuenta, una de las supervivientes del hospital era una portadora. No presentaba ningún sÃntoma visible, pero llevaba la infección por dentro. Antes de eso, nunca habÃamos visto una situación similar, pero este hecho me hizo recordar esa leyenda urbana de que siempre habrÃa gente que sobrevivirÃa a una infección en particular ya se en forma de portadora o de persona inmune.
Lo que ocurrió en el Hospital fue lo siguiente: todos los recién llegados pasábamos el riguroso proceso de cuarentena que duraba 1 mes.  La primera semana de la cuarentena de los últimos que se habÃan refugiado en el Hospital habÃa pasado sin ningún incidente. Por lo cual, las medidas de seguridad se habÃan empezado a relajar. Seguiamos viendo zombies fuera del hospital, pero dentro nos sentiamos de alguna forma totalmente seguros. Ese fue nuestro error. Uno de los chicos que estaba en la cuarentena, la verdad es que nunca supe como se llamaba, se cortó con unas hojas con las que estaba jugando. Y MarÃa, asà se llamaba la portadora, al ver la gota de sangre en el dedo del chico se puso muy nerviosa. Se acerco a verle la mano, y no pudo evitar lamerle la herida. Al parecer, de esta forma contagió al chico, que murió y volvió a resucitar en la noche sin que nos diésemos cuenta. En ese instante, ya tenÃamos 2 zombies dentro y fue imposible parar la infección.
Yo, normalmente, dormÃa con los zapatos puestos porque no sabÃa que podÃa pasar en cualquier momento. Pero tengo que reconocer que esa noche no habÃa tomado esa precaución y tenÃa los zapatos cerca de mi cama. Y eso fue lo que nos salvó a Jaime y a mi. Porque cuando el chico entró donde dormÃamos, pude tirar un zapato a la pared y el ruido le distrajo el tiempo suficiente como para poder dispararle. Gracias a Dios,  los militares tenÃamos el privilegio de mantener nuestras armas en la zona de cuarentena. Ese disparo despertó a todos y quedó claro que habÃa infectados en la zona de cuarentena. Algunos intentaron refugiarse en el Hospital y desconozco lo que les ha podido pasar, pero realmente no guardo muchas esperanzas.
Nosotros intentamos lo mismo, pero desde el hospital le disparaban a todo lo que se moviese, por lo cual sólo nos quedó un refugio: el edificio de Domingo Cueto de Essalud. Por mi trabajo, conocÃa los distintos pasadizos para poder entrar desde la zona del Hospital Rebagliati al edificio de Essalud. Y sabÃamos que habÃan protegido muy bien el edificio, asà que era dificil que los zombies hubiesen entrado. Asà que Jaime y yo empezamos a haci allÃ. Y algunos médicos de la zona de cuarentena y una monja que habÃamos rescatado de Rosa Toro también nos siguió.
Somos 30 personas las que nos hemos quedado atrapadas en el edificio de Essalud de Domingo Cueto. Podemos disfrutar de todas las plantas salvo el primer piso, dado que tuvimos que bloquearlo completamente para asegurar nuestra supervivencia. Sigo teniendo a Jaime Huamán a mi lado, y la verdad es que nos hemos hecho grandes amigos. Además, la monja es una personas maravillosa y me esta ayudando muchÃsimo al mantener mi mente en su sitio.  Aunque no tenemos agua caliente, tenemos provisiones para sobrevivir como un año. Y tampoco nos falta agua, aunque ya no disfrutamos de agua caliente.
Aunque habÃa perdido mi radio de onda corta en la huida, en la 5ta planta, al lado de la Gerencia de Adquisiciones, estaban los equipos de radio que siempre tenÃa Essalud para los empleados que necesitasen. Gracias a esas radios, pudimos tener contacto con el Pentagonito y con la Base Naval del Callao que era lo único en Lima que mantenian comunicación. La Isla San Lorenzo también habÃa soportado la primera oleada, pero habÃan cerrado la isla para todo el mundo: de momento, nadie podÃa ir a aquella isla.
Otra cosa que me enteré es que la batalla en el Callao fue terrible. Como consecuencia de esta batalla, Perú tiene una nueva isla: La Punta, porque hubieron tales destrozos en la Plaza Gálvez y en el Club Regatas la Unión, que finalmente ha quedado sepultada bajo el mar, y ahora La Punta, ya no se comunica por tierra con el Callao. De la Fortaleza del Real Felipe no hay noticias, pero al parecer tenÃan órdenes de no dejar entrar a nadie asi que se supone que deben haber sobrevivientes. Pero al no tener energÃa, no hay forma de contactar con ellos.
De la sierra, no hay noticias de Puno ni de Cuzco ni  de Arequipa ni de Ayacucho ni de Huaraz ni de Cajamarca. Sólo sabemos que hay sobrevivientes en Huancavelica. Pero tenemos confirmación de que hay zombies por toda la sierra de Perú. De la selva, las principales ciudades han caÃdo, pero del resto de pequeños poblados no hay noticias.
Los zombies siguen pareciendo inmortales: de momento siguen caminando aunque no coman ni beban agua. Y aunque no parecen sufrir enfermedad ni hambre, hemos podido ver como les afecta las condiciones ambientales. Los zombies que se habÃan quedado en la calle todo el verano, se han deshidratado completamente y muchos ya no pueden ni caminar. De Huancavelica, hay noticias de que el frÃo también hace estrago en los zombies. Asà que ya sabemos que el frÃo y el calor, además de las balas, son nuestros aliados.
Ya casi no tenemos municiones, y sólo nos queda seguir esperando a ver si sobrevivimos nosotros, o sobreviven ellos.













